19 de set. 2013

Brunelleschi. Una reflexión sobre la arquitectura renacentista

La palabra Renacimiento aparece por primera vez con un claro significado histórico y conceptual en el libro de Giorgio Vasari 'Le vite de più eccellenti Architetti, pittori et scultori italiani, da Cimabue insino a' tempi nostri', publicado en Florencia en 1550, donde se puede apreciar ya la idea que influyó a todas las investigaciones científicas, literarias y artísticas desde comienzos del siglo XV en Florencia: hacer renacer la virtud, la grandeza y la belleza del mundo clásico. Se trata pues de un concepto que puede referirse a varios ámbitos y a varias disciplinas, todas ellas enlazadas por la nueva visión del hombre, centro y medida de todas las cosas, y de la naturaleza, obra de un creador racional, dotada de orden y armonía.

Lo que animaba a los artistas renacentistas era la voluntad de reunirse idealmente con el mundo clásico y con sus criterios de equilibrio, belleza, armonía, superando la experiencia gótica y medieval; pero, como afirma André Chastel en su 'L'Art italien', dentro de su imitación de los clásicos se gestaba la voluntad de crear algo profundamente renovador. Uno de los elementos que contribuyó a esa renovación fue el estudio de las proporciones en la representación del espacio, que se concretó en el uso de la perspectiva y en el establecimiento de reglas de proporción. Desde un principio, el problema de las proporciones entre las distintas partes de un edificio se había manifestado en términos eminentemente matemáticos, como definición de relaciones proporcionales entre cada una de sus partes y el todo, de manera que no se pueda añadir, eliminar o cambiar algo sin perjudicar el todo como escribe Leon Battista Alberti. En busca de un modelo ideal, los estudiosos intentaron recuperar los cánones y obras técnicas del clasicismo, redactando unos verdaderos tratados de estilo. En particular, para la tratadistica renacentista fueron muy importantes los diez libros de 'De Architectura', del arquitecto romano Vitruvio, que fue la base para la difusión de las ideas de canon y orden. En la época del llamado renacimiento temprano o Quattrocento, destacan la figuras de dos grandes arquitectos: Filippo Brunelleschi y Leon Battista Alberti.

[...] Las investigaciones científicas y formales realizadas por Brunelleschi fueron fundamentales para fijar la reglas y el sistema matemático-geométrico de representación de la realidad. Su interés por lo clásico y su conocimiento de las normas edificatorias medievales, lo llevaron a investigar las leyes de la perspectiva lineal y los problemas prácticos de la construcción, realizando una extraordinaria e innovadora síntesis entre la experiencia artesana de la arquitectura medieval y la nueva sensibilidad y profesionalidad renacentista, capaz de resolver los problemas edificatorios a la luz de una percepción unitaria del espacio. El resultado más extraordinario de esa síntesis es la obra por la que es universalmente conocido: la realización de la extraordinaria cúpula que remata la catedral de Santa Maria del Fiore en Florencia y que aún hoy despierta la admiración de arquitectos e ingenieros por la ingeniosa solución utilizada para contrarrestar el empuje horizontal de la alta cúpula semiesférica. En efecto, las cúpulas semiesféricas tienden a hundirse por el peso de su centro y sus bordes a abrirse hacia fuera. El acierto de Brunelleschi, al confiársele, en 1420, la obra más importante que debía ejecutarse en Florencia, fue el de combinar una cúpula interior más baja y una cúpula externa que, peraltándose en arco apuntado, sirviera de contrafuerte a la cúpula interior, contrarrestando su empuje horizontal con el peso, en sentido contrario, de la cúpula exterior de perfil apuntado. Brunelleschi decidió costruirla sin armazón ni dovelas, de manera que la cúpula se cerraba a medida que se iba construyendo y ella misma se daba apoyo. Esta técnica de edificación causó gran asombro, en el mismo León Battista Alberti que en su dedicatoria del 'Trattato della Pittura' así la alaba: "¿Quién antes que tú, Felipe arquitecto, se atrevió a construir estructura de tal dimensión, erguida hacia el cielo, ancha para poder cubrir con su sombra todas las gentes toscanas, y ejecutada sin ayuda de cimbras ni maderaje con tal artificio que, si yo lo entiendo bien, parece tan increíble a los de ahora como era ignorado de los antiguos?.[…]

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