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6 d’abr. 2015

Un retrato de Velázquez. Antoni Puigverd

Velázquez. Retrato de Inocencio X
[…] El lienzo más inquietante de Velázquez, el Retrato de Inocencio X, forma parte de la colección de la Galleria Doria Pamphili, situada en la romana Via del Corso. El propio papa Inocencio expresó al contemplarlo. “Troppo vero!”. Demasiado veraz. Josep Pla en el homenot dedicado al pintor Sisquella opina que la veracidad del rostro papal se hace patente cuando se compara con la “bella forma” habitual en la pintura anterior y posterior a Velázquez. También defiende Pla una paradoja: la verdad de este rostro es hija de una técnica negligente. Y es que la revolución de Velázquez, como tantas otras revoluciones estéticas, proviene del desprecio del estilo amanerado o preciosista. Pla destaca asimismo el formidable colorido de este cuadro. En Aigua de mar, elogia los salmonetes que, después de pasar por las brasas, adquieren “un rojo intenso, suntuoso, cardenalicio, un rojo que mantiene un parecido extraordinario con los rojos inmortales que Velázquez puso en el retrato del papa Inocencio X de la Galleria Doria en Roma”.

Se trata, en efecto, de una pintura en llamas. Inocencio, con la cabeza y el torso cubierto por las prendas rojas (que contrastan con el blanco del roquete que aparece en la parte inferior), contempla el mundo con una mirada a la vez insegura y desafiante: la mirada del poder. Como exigían las normas no escritas del retratista de corte, Velázquez tuvo que disimular la fealdad de aquel Papa, pero, por encima de las obligaciones del oficio, supo atrapar lo más profundo y lo más universal de su personalidad: una mezcla de recelo, temor y suspicacia. Nadie es menos libre y más desconfiado que el hombre poderoso.

Francis Bacon. Pope Innocent X. 1953
Siglos más tarde, otro gran artista de origen católico, el irlandés Francis Bacon, quedó tan impresionado por este retrato que dejó su prometedora carrera de diseñador para dedicarse en cuerpo y alma a la pintura. “Es el mejor retrato de la historia de la pintura”, dijo. Y también: “Es más milagroso que Rembrandt. Es asombroso que Velázquez haya sido capaz de mantenerse tan cerca de lo que llamamos una ilustración y al mismo tiempo revelar tan profundamente las cosas más grandes o más insondables que pueda sentir el hombre”.

Diego Velázquez era el prototipo del pintor cortesano: laborioso y callado. Mientras que Francis Bacon, extremista y atormentado, fue el prototipo del artista moderno. Católico y homosexual, alcohólico y sadomasoquista, subyugado por un religioso sentido de culpa, encarnó la sed de nuestro tiempo: un deseo insaciable, tan exigente como frustrante. Un deseo que, a pesar de las murallas que derriba en su búsqueda constante de experiencias de placer, nunca se sacia. La obra de Bacon, una de las más relevantes del arte contemporáneo, expresa el desgarramiento y el rabioso inconformismo del individuo actual: un individuo que aspira a la libertad pero choca contra las paredes de la cárcel de sus propios límites. […]

Antoni Puigverd. La Vanguardia.

27 de jul. 2012

Velázquez. Jardín de Villa Medicis. Ramón Cote Baraibar


Ya no soy ese joven que llegara a Italia
para aprender en sus talleres y claustros y palacios
los codiciados secretos de la pintura.
Ahora ocupo el cargo de pintor de cámara de la corte
y he venido nuevamente a Roma
con el único propósito de adquirir obras de arte
para la colección de su majestad Felipe IV.

Esta tibia tarde de septiembre
regreso como entonces al Jardín de Villa Medicis
y mientras repaso en mi memoria
los nombres de algunos pintores ilustres
—Tiziano, Veronés, Correggio, Caravaggio—
observo a un par de hombres cancelar con unas tablas
una noble puerta de piedra que se alza delante de unos pinos.

Al respirar en el jardín el dulce aroma del azahar
que me hace revivir de repente mi infancia en Sevilla,
una voz me pide que abandone por un momento mis funciones,
que me olvide de mi dedicación y entrega a los demás
y guarde sólo para deleite mío testimonio de estas horas.

Entonces cierro los ojos y suplico al cielo
que sea capaz de repetir más tarde en la tela
esta efímera felicidad que ahora me acompaña,
antes de que mi propia memoria,
como la puerta de piedra que están cubriendo,
no me reconozca y me impida la entrada.

Al verme contemplar la pintura desde lejos
el rey me pregunta qué singular acontecimiento allí se refleja,
qué oculta alegoría pretendo enunciar,
pero solamente acierto a responder que es la tarde, majestad,
solamente la tarde romana que pasa.

18 de juny 2012

Velázquez. La Meninas. Bucarofagia


[…] Esta curiosa práctica de la bucarofagia (comer barro) podría tener, incluso, una representación plástica excepcional, que vino a abrirse, como pista o teoría, en 1984, cuando tuvo lugar  la última restauración del cuadro de "Las Meninas", de Velázquez. La obra, una de las más admiradas del arte universal, pintada por el genial sevillano en el año 1656, había ocultado durante los últimos siglos, por el efecto del barniz envejecido, los detalles más pequeños, entre ellos, la composición real de la ofrenda que la infanta Margarita, personaje central del cuadro, recibe de manos de la "menina" (dama de compañía) doña María Agustina Sarmiento de Sotomayor, hija del conde de Salvatierra, una bandeja con un búcaro, presumiblemente con agua fresca perfumada, para refrescarse.

El caso es que hasta esa restauración que comentamos, la opinión general entendía que el recipiente en cuestión de la ofrenda era una jarrita de fino cristal, que parecía lo más propio, y ahora aparecía nítidamente la realidad de un modesto búcaro de barro, que, a más a más, se presenta sobre una fina bandeja ("azafate", bandeja con pié) bañada en oro. Realmente, el contraste es, como poco, sorprendente. Y ahí surgió la especulación y la polémica. Según algunos expertos en historia de la cerámica, el búcaro que se presenta en el cuadro responde justamente al modelo que en la época se usaba para la bucarofagia. La duda que se plantea es la juventud de la niña, que  parece demasiado joven para que le fuera ofrecido, con el fin de comérselo después, el tal búcaro. No obstante, también nos hacen notar que el juego de miradas del cuadro nos permite ver cómo la infanta mira a su madre tras recibir el jarro, y cómo (presuntamente, porque ahí se ve muy poco) la reina le regaña con la mirada. Y se preguntan; ¿Por qué? ¿Porque el agua está demasiado fría, o porque es demasiado joven para iniciarse en una práctica poco recomendable? […]

Font: Manolo Méndez. Comer barro, refinada moda del siglo XVII. Gastrohistorias.

26 de des. 2011

Veláquez. Las Meninas

Dades generals: El quadre Las Meninas, o La família de Felip VI que és com es deia antigament, va ser pintat l'any 1656 per Diego Velázquez. És un retrat de grup, de 318 cm x 276 cm, pintat a l'oli sobre llenç. D'estil barroc, es troba al Museu del Prado.

Descripció de la tècnica i anàlisi formal: Pintat sobre llenç, les radiografies realitzades pels experts mostren moltes correccions i canvis en la disposició dels personatges; això indica una manera de treballar, deutora dels venecians (de Ticià sobretot), que consisteix a aplicar la pintura directament, sense un esbós previ o dibuix preparatori.

La pinzellada és llarga, fluïda i vibrant. La paleta del pintor és d’una gran riquesa cromàtica: infinites gammes de blancs, grisos, negres, ocres... i de tant en tant un toc vermell que dóna vivacitat al conjunt.

La llum incideix sobre els personatges que es troben en primer pla i submergeix en la penombra els que estan més allunyats. El contrast entre la part il·luminada i la fosca dóna profunditat a l’escena i ajuda a crear la il·lusió d’espai. La llum entra per una finestra situada al costat dret i per la porta oberta en el mur del fons, però també hi ha un focus de llum artificial en primer pla. Velázquez és un mestre en la utilització de la perspectiva aèria i sembla com si l’aire circulés pel mig de les figures. 

La composició, unitària i oberta, és molt complicada, malgrat que dóna la sensació de gran simplicitat. Les figures, formant grups, es disposen frontalment seguint una línea ondulada: en primer pla la princesa Margarida és el centre d’atenció; en segon terme, dos figures mig amagades i al fons, emmarcat per la porta, un personatge que entra o surt de l’escena. A més: les figures dels reis que, ocupant el lloc de l'espectador, les veiem reflectides en el mirall del fons; el pintor darrere el bastidor que ocupa quasi tot l’extrem esquerre de la tela... L’escena transcorre en l’estudi del pintor amb les parets plenes de quadres.

És una obra d’estil barroc. Més específicament, de l’escola barroca espanyola, que es caracteritza per la seva tendència naturalista i per la claredat compositiva. Velázquez assimilarà l’art del passat -de la pintura veneciana, de Caravaggio...- i del present -de Rubens, sobretot- per crear una obra personal i innovadora. En les seves obres de plenitud, com aquesta, demostra la seva mestria en el domini de la llum, de la composició i de la perspectiva aèria; també en la capacitat per plasmar les textures i les qualitats materials dels objectes.

Tema, funció i significat: Las Meninas és un retrat col·lectiu en el que apareixen diferents personatges de la cort de Felip IV: la infanta Margarita envoltada de dues sol·licites dames (meninas); els nans i el gos a l’extrem de la dreta; en segon terme, dues figures dempeus: la serventa de les dames de la reina, Marcela de Ulloa, i un guardadames; al fons, emmarcat per la porta, l’aposentador real; a l’esquerra, darrera el bastidor, hi ha el pintor que duu damunt del pit la creu vermella de cavaller de l’Orde de Santiago, que l’identifica com a noble; en el mirall que penja en el mur del fons veiem reflectida la imatge del rei Felip IV i de la seva esposa. La escena es desenvolupa en l’estudi del pintor.  

Les interpretacions que ha suscitat el quadre són molt diverses: hi ha qui ha vist només un retrat de la infanta amb el seu seguici; d’altres l’han interpretat com un al·legat a favor de la noblesa de la pintura, equiparant-la amb la música i la poesia.

El quadre, un cop finalitzat, va ser penjat al despatx d’estiu del rei. Una estança de l’Alcazar a la qual només ell tenia accés.

El quadre de Velázquez ha estat reinterpretat modernament per artistes com Picasso o l’èquip Crònica.

Bibliografia:
DIVERSOS AUTORS.: Història de l’art. Barcelona, Ed. Vicens Vives, 2010.
DIVERSOS AUTORS.: Visualart. Barcelona, Ed. Vicens Vives, 2006.
MEDINA, PEDRO.: Història de l’art. Barcelona, Columna, 1999.
SCHREM, A.: Selectivitat. Història de l’art. Barcelona, Edicions de la Magrana,1997.
http://ca.wikipedia.org/wiki/Las_Meninas [18.12.2011]
http://jmora7.com/Meninas/index.htm (Una pàgina molt interessant sobre Las Meninas. IES San Blas. Alacant)

TM
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Las meninas. Manolo Valdés. 2000
Velazquez. Las meninas o la familia de Felipe IV. Miguel Hermoso Cuesta

Probablemente el cuadro más famoso de la Historia del Arte español y “Teología de la Pintura” para el pintor napolitano Luca Giordano (1634-1705), Las Meninas se ha convertido en una obra mítica y fuente de inspiración de otros artistas, sean pintores como Goya, Picasso o Richard Hamilton, escultores como Manolo Valdés, escritores como Buero Vallejo, fotógrafos como Ouka Lele o Joel Peter Witkin o vídeoartistas como Ihor Podol’chak.

La obra muestra el interior de la Galería del Cierzo en el antiguo alcázar de Madrid, donde el propio pintor parece estar retratando en un lienzo a los reyes Felipe IV y Mariana de Austria, ubicados fuera del cuadro (donde se dispone el espectador), y reflejados en el espejo de la pared del fondo. Velázquez incluye también en la composición a la infanta Margarita acompañada por sus damas María Agustina Sarmiento, arrodillada y ofreciéndole un búcaro con agua, e Isabel de Velasco; junto a ellas la enana Maribárbola y el bufón Nicolás Pertusato despabilando a un mastín. En segundo plano se encuentran un guardadamas y la dueña Marcela de Ulloa y en el fondo, recortado a contraluz en el vano de una puerta José Nieto, jefe de tapicería de la reina.

Las meninas. Goya. 1778
A pesar de ofrecer una escena aparentemente naturalista e incluso hasta cierto punto casual y ajena al protocolo cortesano, el lienzo es, entre otras cosas, un pretexto de Velázquez para defender el arte de la pintura como una ocupación liberal y científica y, por tanto, digna de la mayor consideración social. El hecho de que el pintor no esté ocupado en la labor mecánica de la pintura, sino pensando ante el lienzo indica que lo que define a la pintura es su idea o pensamiento y no tanto su realización material. Por otra parte, el aparentemente simple escenario muestra un conocimiento de la perspectiva y de las propiedades de la luz que ha hecho fracasar todos los intentos de recreación fotográfica del mismo: cuando se ha intentado una reconstrucción literal del escenario las figuras quedan inconexas o el espacio parece demasiado plano o excesivamente profundo.

Las meninas de Picasso. Hamilton. 1973
Velázquez por tanto perfecciona la Naturaleza con medios naturales, los de la óptica contemporánea, ofreciéndonos el espacio como debe de ser para que entendamos la composición y no como es en realidad. Con estos medios consigue que el espectador reconozca rápidamente cuál es la figura protagonista y cuáles los personajes secundarios, que la guardan o contemplan, y al mismo tiempo hace que ese cuadro, donde aparentemente no ocurre nada, se convierta en una meditación sobre la visión humana y la capacidad para representar aquello que vemos. Todo ello, entre otros muchos temas como el del espejo o el deseo de supervivencia de la monarquía austríaca en España, en un gran lienzo donde más de la mitad de su superficie está ocupada por aquello que los contemporáneos del pintor llamaban el “aire ambiente”, los mismos que ya reconocieron el enorme talento de Velázquez para recrear la realidad con medios meramente pictóricos, esto es científicos.

Bibliografía
Brown, J., Velázquez. Pintor y cortesano (Madrid: Alianza, 1986).
López Rey, J. Velázquez. Painter of Painters. Catalogue Raisonné, 2 vols. (París: Wildenstein Institute-Colonia, Taschen, 1996).
Mena Marqués, M., “La restauración de Las meninas de Velázquez”, Boletín del Museo del Prado, 5:14 (1984), pp. 87-107.