[...] El monotipo es una
técnica de grabado en la que se produce una sola copia: se dibuja en negativo y
con tinta negra sobre una plancha de cobre o de zinc a la que se adhiere una
hoja de papel, y la plancha y el papel se aplastan juntos en una prensa. Al no
usar un buril que hienda el metal con las líneas del dibujo, el monotipo no
facilita la precisión, sino más bien la fluidez y la mancha, el trazo
expresivo, volúmenes y sombras. Su rapidez de ejecución es tentadora y
arriesgada: no hay manera de remediar un error.
Era preciso inventar
otros colores que revelaran el nuevo aspecto de las figuras humanas y de los
objetos. Hacía falta un arte que fuera igual de rápido y entrecortado que los
espectáculos que ahora decía representar. El grabado y la fotografía
multiplicaban industrialmente el catálogo de las imágenes posibles. La pintura,
el dibujo, tenían que sugerir lo fugitivo y lo inacabado, lo visto y no visto,
un rostro desconocido en una calle o en un café, un perfil en la ventanilla de
un ómnibus, un coche de caballos lanzado al galope por una avenida, el salto de
un trapecista bajo los globos de gas en un circo, la cara empolvada y con los
labios maquillados de rojo de una cantante de cabaret, iluminada desde abajo
por las luces del escenario.


