5 de maig 2012

Bourgeois. Alfabet


Araña. Bourgeois es conocida por sus esculturas de arañas gigantes de metal que representan, en realidad, la figura simbólica de la madre. Una de ellas, Mamá, vigila a los visitantes del Guggenheim de Bilbao.

Biográfica. Su obra es reflejo fiel de su vida. “Mi autobiografía son mis obras. Todo lo que creo viene de algo personal, de algún recuerdo o experiencia emocional”, dijo.

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Doméstico. Piezas a base de camas, armarios, ropa, conforman su especial universo. Habitaciones, confesionarios, la cama de los padres, todo un intimista universo doméstico.

Escultora. Bourgeois realizó esculturas en todo tipo de medios. Grandes instalaciones claustrofóbicas y pequeñas piezas tejidas, con ellas conformó una importante producción que le ha convertido en una de las escultoras clave del siglo XX.

Feminista. Si bien su madre era feminista y socialista, ella hizo declaraciones contradictorias sobre el tema: “Mi feminismo se expresa mediante mi profundo interés en lo que hacen las mujeres, pero no por ello dejo de ser una solitaria empedernida”, dijo.

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Infancia. Marcada por la relación de su padre con su niñera, el trauma de este episodio se refleja en su trabajo: “Mi infancia nunca ha perdido su magia, su misterio, su drama. Mis trabajos de los últimos 50 años tienen su origen en mi niñez”.

Jóvenes. Todos los domingos Bourgeois abría las puertas de su casa y muchos de los visitantes que allí acudían eran muy jóvenes: “Siempre he sentido fascinación por la gente joven. Es muy enriquecedor”.

Kierkegaard. La artista afirmó sentirse próxima a los existencialistas. Amante de los escritos de Camus, Sartre y Kierkegaard, nos dijo: “Me interesa la existencia, el sufrimiento y cómo evitarlo”.

Léger. Alumna de Fernand Léger, trabajó con él en París, a principios de los años 30, mientras estudiaba matemáticas en la Sorbona. De él declaró a El Cultural: “Fue Léger quien me dijo al ver mis dibujos que yo quería ser escultora”.

Miedo. Ella misma confesó sentirlo por su padre y, como todos sus traumas, lo reflejó en su obra. “Mi escultura me permite revivir mi miedo, darle cuerpo, de modo que pueda alejarme de él”, aseguró.

Nueva York. Allí se trasladó en 1938, cuando contrajo matrimonio con el historiador del arte Robert Goldwater. Pero no fue hasta 1982 cuando el MoMA le dedicó su gran retrospectiva. La sensación de exilio siempre la acompañó.

Olvidar para recordar. “Mis obras -decía- son una reconstrucción del pasado. En ellas el pasado se ha vuelto tangible; pero a la vez están creadas con el fin de olvidarlo”.

Padre. Su recuerdo sobrevuela toda su obra y protagoniza una de sus piezas míticas, La destrucción del padre (1974). La relación amorosa de éste con Sadie, institutriz de la artista, le producía un gran sufrimiento: “En sueños, llegué a imaginar que devorábamos a mi padre”.

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XX. Es el siglo que conquistó para convertirse en una artista aparte. Creció con el surrealismo, alcanzó la independencia junto al expresionismo abstracto y reapareció en la estela del minimalismo. Con ellos tuvo un diálogo pero su trabajo trasciende más allá.

Yeso, látex, goma, madera, bronce, todos le valían en sus piezas, aunque reconocía: “No estoy interesada en los materiales, están ahí para servirme”.

Zurcir brindó a Bourgeois sus primeras habilidades artísticas desde niña. Las bobinas de hilos eran metáfora de protección y las agujas simbolizaban la idea de feminidad. “La aguja se utiliza para reparar el daño. Es una petición de perdón. Nunca es agresiva, no es un alfiler”, aseguró.

Font: El cultural. 

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